Los límites de la confidencialidad

15286003-sello-confidencialSecurity Artwork al comenzar a hablar de este tema nos da como ejemplo un capítulo de una serie britanica de humor llamada The Office, en donde los empleados descubren que algunos modelos de impresoras que están vendiendo explotan inesperadamente, lo que les genera dudas sobre lo que deben hace. Que una impresora muestre ese comportamiento es un tema serio, pero al mismo tiempo sienten que deben guardar algún tipo de secreto respecto a este “problema” de su empresa.

Seguramente conozcan el caso de Hervé Falciani. Si no es así, la Lista Lagarde es probable que les sea más familiar. Al parecer, Hervé copió los datos de 130.000 presuntos evasores fiscales mientras trabajó para el banco HSBC en Ginebra, lo que le ha traído no pocos problemas a él y algunos menos a los integrantes de la lista.

En referencia con esto, en Estados Unidos existe el concepto de whistleblower, que según la Wikipedia es “alguien que da a conocer el comportamiento erróneo que existe dentro de una organización o conjunto de personas. La revelación de esta conducta puede ser de varios tipos: la violación de una ley, regla o regulación que puede ser una amenaza al interés público, como un fraude contra leyes de salud o seguridad y/o sobre corrupción política.“. En este sentido, los códigos éticos del buen gobierno ya incorporan este tipo de aspectos en su funcionamiento.

En la actualidad y desde antes a lo mejor muchos ya han firmado a lo largo de su carrera profesional muchos contratos o clausulas de confidencialidad, en el que se establece una obligación de guardar secreto sobre toda la información accedida durante su trabajo. Sin embargo hay dudas y recelos sobre, ¿qué límites existen a algo tan sagrado en nuestra profesión como un contrato de confidencialidad? ¿Aspecto legales? ¿Aspectos éticos de carácter personal? ¿o para ustedes es algo, simplemente, inolvidable, no importante?

Dejen de lado las consecuencias personales y pónganse varios ejemplos. ¿Habrían actuado ustedes como Hervé Falciani? Quizá no, porque el fraude fiscal no tiene, por desgracia, toda la mala prensa que debería. Ahora bien, ¿y si descubren que se trata de blanqueo de capitales? ¿Narcotráfico? ¿Tráfico de personas? ¿Sobornos? ¿Tráfico de influencias? ¿Pederastia? ¿Información privilegiada? ¿Desvío de capitales?

FUENTE: Security Artwork
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